miércoles, 5 de noviembre de 2014

Cuentos completos Julio Cortázar


Cien años Julio Cortázar


Julio Florencio Cortázar Descotte


"Instrucciones para dar cuerda al reloj"

Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una 
cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas 
muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de 
rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y 
pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un 
nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que 
hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu 
muñeca. 
Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda 
para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las 
vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan 
el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te 
regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan 
la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres 
el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj

"Historia verídica"

A un señor se le caen al suelo los anteojos, que hacen un ruido terrible al chocar con 
las baldosas. El señor se agacha afligidísimo porque los cristales de anteojos cuestan 
muy caro, pero descubre con asombro que por milagro no se le han roto. 
Ahora este señor se siente profundamente agradecido, y comprende que lo ocurrido 
vale por una advertencia amistosa, de modo que se encamina a una casa de óptica y 
adquiere en seguida un estuche de cuero almohadillado doble protección, a fin de 
curarse en salud. Una hora más tarde se le cae el estuche, y al agacharse sin mayor 
inquietud descubre que los anteojos se han hecho polvo. A este señor le lleva un rato 
comprender que los designios de la Providencia son inescrutables, y que en realidad el 
milagro ha ocurrido ahora.

"Continuidad de los parques"

Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías, volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito, de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restañaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer.

Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano, la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.

"Las babas del diablo"

Podemos ver que el narrador, ya sea vivo o muerto tiende a distraerse y terminando hablando de otras cosas completamente irrelevantes, como por ejemplo cuando Michel muerto está hablando al principio del a historia como debe contar la historia, se desvía del tema y termina hablando sobre porque la gente hace lo que hace. 

Michel vivo comienza a observar al niño del parque, y lo analiza físicamente, remarcando sus grandes guantes, al igual que anteriormente, termina hablando sobre algún joven con revistas pornográficas dobladas en cuatro. Estos dos acontecimientos son una muestra de que si puede ser posible que sean la misma persona ambos narradores, ya que a ambos les ocurre lo mismo. 

Otro acontecimiento que nos indica esto es el siguiente paréntesis que aparece al principio de la historia: “(Porque éramos fotógrafos, soy fotógrafo)” Esta frase ni necesita explicación, ya que nos deja clarísimo que por el echo de que el dice que somos fotógrafos sabemos que se refiere a el mismo y al tipo que aparece el la historia narrada por el. 

Por otro lado, debo destacar la palabra nube, Michel muerto habla mucho sobre las nubes en muchas ocasiones cuando está hablando se distrae y habla sobre las nubes y a veces pájaros que pasan “La mujer avanzaba en su tarea de maniatar suavemente al chico (...) imaginé los finales posibles (Ahora asoma una pequeña nube esponja, casi sola en el cielo)” Esto nos demuestra que Michel muerto tiene una predominancia sobre el mismo vivo, que tiene mayor influencia sobre la historia, ya que Michel vivo esta narrando y de repente se mete el muerto y comienza a hablar sobre algo tan irrelevante como nubes. Ahora ¿Porqué nube? Realmente no lo tengo claro, pero sé podría interpretar de varias formas. Puede ser que las nubes indiquen que Michel esta en el cielo, descansando en paz, o tan solo nos quiere confundir o tratar de que no descubramos quien realmente es (Michel) 

Ya conocemos la historia narrada por Michel, por lo cual conocemos a sus personajes: La rubia, el hombre de sombrero gris y el muchacho. 

¿Existe alguna relación con Michel? Creo que así es. Creo que Michel se siente obligado a ayudar al chico a punto de ser victima de un abuso y lo podemos confirmar con las siguientes citas que hablan de este sucio juego: “Aquella mujer no buscaba un amante en el chico, y a la vez se lo adueñaba para un fin imposible de entender si no lo imaginaba como un juego cruel, deseo de desear sin satisfacción, de excitarse para algún otro, alguien que de ninguna manera podía ser ese chico” “Esa mujer que no estaba ahí por ella misma, no acariciaba ni proponía ni alentaba para su placer, para llevarse al ángel despeinado y jugar con su terror y su gracia deseosa. El verdadero amo esperaba....” 

Podemos ver como Michel se siente totalmente identificado con el niño porque nota claramente como este se siente: “El chico estaba inquieto” Creo que él pasó por lo mismo porque en cuanto vió el chico nervioso supo que algo malo estaba pasando. Tengo la sensación de que el también fue victima de un abuso de ese estilo y es por eso que él sentía que debía ayudar al muchacho, cosa que hizo con éxito total. 

En conclusión respecto al narrador, y para resumir mi punto al respecto, puedo decir que sería incorrecto hablar de un narrador 1 y un narrador 2 en esta historia, ya que es la misma persona, creo correcto referirse a este como un narrador narrando en dos estilos distintos, no para mostrar distintos puntos de vistas, si no que para diferenciar desde donde es narrado, y en este caso son dos realidades diferentes.