miércoles, 5 de noviembre de 2014

"Instrucciones para dar cuerda al reloj"

Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una 
cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas 
muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de 
rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y 
pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un 
nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que 
hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu 
muñeca. 
Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda 
para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las 
vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan 
el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te 
regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan 
la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres 
el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj

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